El millonario más rígido encontró a la limpiadora durmiendo en su silla… y lo que hizo la dejó…

El millonario más rígido encontró a la limpiadora durmiendo en su silla… y lo que hizo la dejó…

Tres palabras. Sin súplicas. Sin adornos.

—¿Y creyó que mi oficina era el lugar apropiado para descansar?

—No lo creí —respondió ella—. Me senté un momento y me quedé dormida.

—Eso no mejora nada.

—No estoy intentando mejorarlo. Solo le estoy diciendo la verdad.

Santiago la observó con creciente irritación… y con una curiosidad que le molestó todavía más.

—¿Cómo se llama?

—Miranda Soto.

—Muy bien, Miranda Soto. ¿Sabe quién soy?

—Santiago Herrera. Dueño del edificio. Mi jefe.

—Entonces debería saber que está a segundos de ser despedida.

Ella asintió con una tranquilidad absurda.

—Sí. Por eso necesito que me diga si va a hacerlo ya.

Él frunció el ceño.

—¿Perdón?

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