Crujientes por fuera, tiernas por dentro y salpicadas de trocitos brillantes de fruta escarchada: estas galletas son un bocado festivo en cualquier época del año. Ideales para acompañar el café o el té, su aroma a vainilla y cítricos conquista desde el primer minuto. La masa es sencilla y versátil, perfecta para preparar con antelación y hornear justo antes de servir. Además, admiten variaciones: mezcla de frutas, toques de ralladura o un ligero velo de azúcar glas para un acabado elegante. En pocos pasos tendrás galletas caseras que parecen de pastelería.
1. Precalienta el horno a 180 °C con calor arriba y abajo. Forra dos bandejas con papel de hornear o tapete de silicona para evitar que las galletas se peguen y se doren en exceso por la base.
2. Bate la mantequilla con el azúcar 2–3 minutos hasta lograr una mezcla cremosa y pálida. Un buen cremado atrapa aire y da galletas más tiernas.
3. Incorpora el huevo y la vainilla. Bate lo justo hasta integrar; si la mezcla parece cortada, continúa unos segundos más hasta que vuelva a alisarse.
4. Tamiza la harina con la levadura y la sal. Añade la ralladura cítrica. Incorpora los secos a la mezcla en dos tandas, mezclando con espátula. Si la masa queda demasiado seca o arenosa, añade la leche poco a poco hasta obtener una masa manejable, blanda pero no pegajosa.
5. Agrega la fruta escarchada picada y mezcla suavemente para repartirla sin sobretrabajar la masa (así evitarás galletas duras).
6. Opcional: refrigera la masa 20–30 minutos para facilitar el formado y lograr bordes más definidos.
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