Dijo que ya no hay espacio en la casa para tres, que las cosas están difíciles y que tener una persona mayor en casa complica todo, que no es justo para ellos.
Estela parpadeó como si no hubiera escuchado bien y preguntó con voz temblorosa si se refería a ella. Ulises no respondió directamente, solo tomó el pan, lo partió con las manos y comenzó a comer, dejando en el aire esa sensación de que algo estaba a punto de romperse.
Verónica, con una sonrisa forzada, cambió de tema. le dijo a su madre que sabía que últimamente le estaba costando dormir y que había hablado con una vecina que le recomendó unas pastillas naturales.
Le tendió una pequeña cápsula blanca junto con un vaso de agua y le aseguró que era solo para que descansara mejor, que se relajara. Estela, confiada, asintió con dulzura, agradecida, sin imaginar que esa noche no cerraría los ojos por descanso, sino por traición.
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