Estela la llamó por su nombre. le dijo que estaba muy contenta de que estuvieran juntos, que se sentía afortunada de poder ayudar con la casa, aunque ya no fuera tan rápida como antes.
Verónica respondió con un murmullo, sin despegar la vista de la pantalla, como si cada palabra de su madre le pesara más de lo que quería reconocer. Ulises, el yerno, se sentó con pesadez en la silla, carraspeó fuerte y lanzó una frase que cayó como piedra en medio de la mesa.
Leave a Comment