A pesar del dolor, a pesar del silencio, Estela no se rindió. recordó a su madre, una mujer fuerte que siempre le decía que incluso en la peor tormenta, hay que mantener la espalda recta y la mirada firme.
Recordó a su padre que le enseñó a nunca quedarse callada cuando algo era injusto y pensó que si había sobrevivido a tantas cosas, también podría sobrevivir a esto. Comenzó a pensar, a planear, a observar cada rincón del sótano, a guardar fuerzas.
Hablaba sola, en voz baja como para no enloquecer. Se repetía que no era su culpa, que ella no había hecho nada malo, que merecía vivir. Y en ese espacio donde el mundo parecía haberse olvidado de ella, encontró algo dentro de sí misma que no sabía que tenía, una voluntad indestructible.
Pensó en su nieto, en el niño que apenas hablaba cuando ella fue encerrada. ¿Le contarían que su abuela murió? ¿Le dirían que desapareció sin decir a Dios? ¿O simplemente borrarían su nombre de la historia?
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