Se presentó a firmar los papeles del divorcio con ocho meses de embarazo… luego vio a su marido casarse con su amante ese mismo día, sonriendo como si lo hubiera perdido todo… Lo que él no sabía era que ella se marchaba con un secreto que destruiría todo lo que creía haber ganado.

Se presentó a firmar los papeles del divorcio con ocho meses de embarazo… luego vio a su marido casarse con su amante ese mismo día, sonriendo como si lo hubiera perdido todo… Lo que él no sabía era que ella se marchaba con un secreto que destruiría todo lo que creía haber ganado.

Entonces recordó aquel día de abril en que vio a Ashley Monroe salir de aquel edificio, ajustándose la blusa y sonriendo como alguien que por fin había conseguido lo que quería.

Ashley había sido su compañera de universidad, una mujer que siempre había admirado su vida con demasiada atención, y ahora esa admiración se había transformado en algo mucho más destructivo.

Unos golpes en la ventana la hicieron retroceder, y allí estaba él, Gregory Hale, vestido con un traje impecable y una sonrisa segura que ahora parecía una máscara.

A su lado estaba Ashley, con un elegante vestido y tacones que resonaban en el pavimento mojado con calculada seguridad.

—¿Entramos? —preguntó Gregory cortésmente, aunque su tono denotaba impaciencia.

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