Mi corazón dejó de latir por un segundo.
—“No te preocupes, Laura. En unos meses la casa estará a mi nombre. Después del divorcio, ella no sabrá qué pasó.”
Laura.
No era una colega.
No era su hermana.
Era la mujer que “solo era una amiga del gimnasio”.

Seguí escuchando.
—“Ella confía en mí. Cree que vamos a viajar cuando se jubile.”
Rieron.
Rieron.
Respiré profundo.
No hice ruido.
No lloré.
Entré como si nada.
Él se giró, pálido.
—“¡Amor! ¿Qué haces aquí tan temprano?”
Sonreí.
—“Quería darte una sorpresa.”
Su teléfono ya no estaba en su oído.
—“¿Y el trabajo?”
Saqué el sobre.
Leave a Comment