El pollo del supermercado, aunque es una fuente rica en proteínas y nutrientes, puede contener restos de químicos usados en la crianza y procesamiento. Un consejo sencillo y efectivo que revelan trabajadores del sector es remojar el pollo en agua con limón o vinagre antes de cocinarlo, enjuagarlo bien y, si se desea, darle un hervor rápido.
De esta manera, reducimos riesgos, mejoramos el sabor y llevamos a la mesa una carne más limpia y saludable.

👉 Pequeños hábitos como este marcan la diferencia entre comer simplemente “pollo” y disfrutar de una comida más segura y consciente.
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