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Bicarbonato de sodio: disolver una cucharada en agua con limón y dejar el pollo reposar 15 minutos ayuda a neutralizar olores fuertes y bacterias.

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Salmuera ligera: remojar el pollo en agua con sal (no muy concentrada) durante una hora. Además de limpiar, mejora la textura.
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Leche o suero: en algunos países se deja el pollo en leche durante varias horas; esto suaviza la carne y extrae impurezas.

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