No fue fácil.
Nada de esto lo fue.
Pero con el tiempo, aprendí a convivir con la verdad.
A perdonar.
A reconstruir.
Y cada vez que miro a esa niña —mi nieta—
veo algo de Ricardo.
Y entiendo…
que el amor, aunque imperfecto,
a veces encuentra la forma de sobrevivir incluso a los secretos más profundos.
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