El resentimiento es una de las cargas más pesadas que una persona puede arrastrar durante décadas.
Guardar rencor no castiga a quien nos hirió… nos castiga a nosotros mismos.
Muchas personas mayores reviven constantemente discusiones, traiciones, injusticias o palabras que nunca llegaron a decirse. Cada recuerdo reabre la herida, aunque hayan pasado 20, 30 o 40 años.
El problema no es recordar, sino revivir emocionalmente el dolor una y otra vez.
El cuerpo envejece, pero la herida emocional sigue sangrando.
Soltar el resentimiento no significa justificar lo que ocurrió. Significa dejar de permitir que el pasado controle el presente.
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