Hipertensión, diabetes, artritis, problemas renales o cardíacos… muchas de estas condiciones requieren rutinarios controles y horarios específicos de medicación.
Un viaje largo puede romper esa rutina y generar desequilibrio físico o emocional.
Incluso el simple hecho de cambiar de clima o altitud puede alterar la presión arterial o los niveles de azúcar en sangre.
Por ello, se recomienda viajar con acompañamiento, llevar siempre una copia del historial médico y no realizar viajes de más de 5 a 6 horas sin supervisión o planificación previa.
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