Esto casi nadie lo sabe.
La abuela no ponía el orégano directamente; lo frotaba entre sus dedos antes de añadirlo.
Ese gesto libera los aceites esenciales y potencia el sabor como si fuera una especia premium.
Esto casi nadie lo sabe.
La abuela no ponía el orégano directamente; lo frotaba entre sus dedos antes de añadirlo.
Ese gesto libera los aceites esenciales y potencia el sabor como si fuera una especia premium.
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