Cuando te extraen la vesícula, el cuerpo sigue produciendo bilis pero ya no tiene un “tanque de reserva”. En lugar de almacenarse, la bilis gotea directamente del hígado al intestino delgado de forma continua. Esto provoca varios cambios fisiológicos que varían de persona a persona:
Cambios en la digestión
- Digestión de grasas más lenta: sin vesícula, el cuerpo tiene más dificultad para manejar comidas muy grasosas. Algunos pacientes experimentan indigestión, gases, diarrea o sensación de pesadez.
- Urgencia intestinal postcomida: es común sentir una necesidad repentina de ir al baño poco después de comer, sobre todo alimentos grasos o irritantes.
Efectos secundarios comunes (y temporales)
- Diarrea
- Flatulencias
- Sensación de hinchazón abdominal
- Reflujo ácido en algunos casos
- Cambios en la flora intestinal
Nota: Estos efectos suelen ser temporales, y la mayoría de las personas se adaptan en unas semanas a meses.
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