Uno de los momentos más reveladores del tránsito es la revisión de vida. El alma observa momentos clave de su existencia, pero no desde el ego, sino desde la empatía emocional.
Siente lo que hicieron sentir sus acciones. Vive nuevamente lo que dio y recibió.
Y no hay castigo. Hay entendimiento y crecimiento espiritual.
En este proceso, el alma aprende más en minutos que en años de vida física.
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