️ Lava bien todos los vegetales. Corta las calabacitas en rodajas gruesas y retira el rabito de los chiles y los tomatillos.
️ En una olla con agua hirviendo, cocina las calabacitas y los tomatillos hasta que estén suaves (aprox. 8–10 minutos). Escúrrelos muy bien.
Nota: no dejes que los tomatillos se rompan para evitar que la salsa quede amarga.

️ En un sartén pequeño con un poquito de aceite, saltea los jalapeños y el ajo hasta que estén ligeramente dorados.
️ Coloca en la licuadora las calabacitas y tomatillos cocidos (escurridos), los chiles, el ajo, el cilantro fresco y la sal.
️ Mientras licúas, agrega el aceite en forma de hilo. Este paso crea una emulsión que le da color verde brillante y una textura espesa parecida al aguacate.
️ Deja enfriar antes de servir. Al estar fría, la salsa espesará un poco más.
Esta increíble salsa demuestra que con ingredientes simples se puede lograr una textura cremosa y un sabor sorprendentemente parecido al guacamole. Es una alternativa ideal cuando el aguacate está caro o cuando quieres una salsa que rinda más y dure más tiempo fresca.
Una receta sencilla, deliciosa y muy popular en las taquerías mexicanas.
Tips y recomendaciones
Esta salsa dura más tiempo verde que el guacamole real, ya que no se oxida igual.
Si la quieres más suave, usa menos jalapeño o retira semillas y venas.
Ideal para tacos al pastor, carnes asadas, quesadillas, antojitos mexicanos o como dip con totopos.
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