Los objetos asociados a la enfermedad o tratamiento final son otra categoría que puede afectar emocional y energéticamente. Hablamos de medicamentos, cajas de pastillas, tensiómetros, jeringas, inhaladores, oxímetros, andadores y más.
Aunque algunas personas los guardan “por si acaso”, lo cierto es que muchos de estos objetos llevan consigo el recuerdo constante del deterioro físico, el sufrimiento y los últimos días difíciles. Tenerlos a la vista o almacenados sin uso puede generar estrés emocional, ansiedad o una sensación de vulnerabilidad continua.
Además, muchos de estos artículos deben desecharse correctamente para evitar riesgos sanitarios, intoxicaciones o mal uso accidental.
Consejo clave: desecha o dona (si es posible) estos objetos, y no los integres a la rutina del hogar. Tu bienestar y el de tu familia están primero.
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Ropa de cama y prendas íntimas usadas: ¿abrigo o carga emocional?
Muchas personas sienten que conservar el pijama favorito, las sábanas o incluso la almohada de su ser querido fallecido es una manera de mantener su aroma, su presencia… su esencia. Sin embargo, estos artículos también son los que más absorben energía emocional.
Guardar ropa interior o ropa usada durante el proceso de enfermedad puede ser contraproducente. En lugar de consuelo, muchas veces se convierten en objetos que dificultan el cierre del ciclo, perpetúan el apego y generan tristeza constante o insomnio.
En varias culturas, se cree que la ropa usada retiene una “impresión energética” del cuerpo de la persona fallecida, por lo que no se recomienda conservarla si lo que se busca es armonía y paz en el hogar.
¿Qué hacer? Si hay prendas que te traen alegría o recuerdos positivos, guárdalas con respeto. Pero si al tocarlas sientes pena, nostalgia profunda o tristeza, es señal de que debes soltarlas.
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