Uno de los objetos más comunes que muchos conservan es el reloj que se detuvo en el instante del fallecimiento. Ya sea de pulsera o de pared, ese reloj representa el fin del tiempo para quien partió… pero también puede convertirse en un ancla emocional para quien se queda.
Guardar un reloj detenido puede enviar un mensaje inconsciente de que el tiempo se detuvo para nosotros también. Muchas veces, las personas que conservan este objeto tienen más dificultad para procesar el duelo, sufren de insomnio o sienten que están atrapadas en un ciclo que no avanza.
Desde la perspectiva energética, se dice que estos relojes retienen parte de la vibración del último momento del ser querido, especialmente si se detuvo en la misma habitación o mientras la persona fallecía. Esa energía puede estancarse y afectar el ambiente del hogar.
¿La mejor opción? Guardar el reloj solo si sigue funcionando y representa un recuerdo positivo. Si está detenido, lo más sano es dejarlo ir.
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