El río.
Los hombres.
Las órdenes.
Sebastián… dando la orden.
El rostro de Sebastián cambió.
Por primera vez…
miedo.
—No puedes…
—Ya lo hice.
Los policías entraron.
—Sebastián Cruz, queda arrestado por homicidio, intento de homicidio y conspiración.
Lucía apareció detrás… llorando.
—¡Sebastián, haz algo!
Pero él ya no tenía poder.
Solo esposas.
Y la mirada de Valeria.
—Esto es por mis hijos.
Meses después…
El sol iluminaba un jardín tranquilo.
El niño corría.
Riendo.
—¡Mamá!
Valeria lo observaba desde una banca.
Su rostro ya no era frío.
Era… humano otra vez.
Había perdido seis hijos.
Nada en el mundo podía devolver eso.
Pero había salvado uno.
Y había hecho justicia.
Un hombre se acercó.
—¿Estás bien?
Valeria asintió.
—Ahora sí.
Miró al cielo.
—Ellos… pueden descansar.
El viento sopló suave.
Como una caricia.
Como un adiós.
Valeria tomó la mano de su hijo.
Y caminó hacia adelante.
Sin mirar atrás.
Porque esta vez…
ya no huía.
FIN
Leave a Comment