Necesitaba parecer exitoso, mucho más que tener éxito.
“Ese dinero es para Liam, Derek”.
Se burló. La irritación torció su rostro hasta convertirlo en una máscara de resentimiento.
La irritación transformó su rostro
en una máscara de resentimiento.
“Un bebé no lo necesita”, espetó. “Ni siquiera notará la diferencia. Yo sí. Estoy harto de ser un don nadie”.
Y ese fue el comienzo de la pelea que lo cambió todo.
Al principio mantuvimos la voz baja, un murmullo bajo y venenoso en el espacio reducido de nuestro pequeño apartamento, pero luego las palabras empezaron a atravesar el silencio como cuchillos.
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