Mi hermana se metió con el hombre con el que me iba a casar, quedó embarazada y quiso mudarse a la casa que acabábamos de comprar, pero cuando cambió la cerradura descubrió que el destino ya le tenía preparada otra humillación…
Diez minutos después, Julián llegó silbando, con una bolsa de muestras de color para las paredes. Entró como si nada, como si no acabara de incendiarme el mundo. Ni siquiera tuvo el descaro de fingir sorpresa cuando le dije que Ximena me había llamado.
Solo cerró la puerta, dejó las muestras sobre una caja y suspiró.
—Yo iba a hablar contigo esta noche.
—¿Es verdad?
—Sí.
Así. Sin temblar. Sin vergüenza.
Sentí que me iba a desmayar, pero el coraje me sostuvo.
—¿Desde cuándo?
—Desde hace seis meses.
—¿Y aun así compraste una casa conmigo hoy?
Julián se pasó la mano por la nuca, molesto, como si yo fuera el problema.
—Las cosas cambiaron, Mariana. No planeé lo del embarazo, pero ya pasó. Y ahora tengo que pensar en mi hijo.
—¿Tu hijo? —solté una risa rota—. ¿Y yo qué fui? ¿La mujer que te ayudó a ahorrar para comprarle casa a otra?
Su mirada cambió. Se volvió dura, práctica, calculadora.
—No empieces con dramas. Mi nombre también está en los papeles. Ximena necesita estabilidad. Esa casa es lo mejor para formar una familia.
Tardé unos segundos en entender lo que estaba diciendo.
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