Preparación: Lava bien las hojas de neem y sécalas con un paño limpio. Colócalas en un mortero (idealmente de piedra) o en un procesador de alimentos pequeño. Machaca o tritura las hojas hasta obtener una pasta lo más homogénea posible. Si ves que está demasiado seca y no se forma bien la pasta, añade una o dos gotas de agua, justo las necesarias. Si decides usar cúrcuma, intégrala en este momento y mezcla bien.
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