EL SECRETO QUE TRANSFORMA
Sal gruesa (preferiblemente marina o del Himalaya).
1 plato pequeño o recipiente de vidrio.
Preparación:
Lava bien el limón para eliminar cualquier residuo de piel. Córtalo por la mitad, a lo largo o en rodajas gruesas. Lo importante es que la pulpa quede expuesta.
Espolvorea una buena cantidad de sal sobre la pulpa del limón. Cúbrela bien, como si la estuvieras “curando”.
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