El jefe regaló frascos de encurtidos hechos por su madre, y toda la oficina se burló. Los despreciaron y los tiraron como si fueran basura. Solo yo fui la única que se los llevó a casa. Pero nunca imaginé… que uno de esos frascos escondía un código que revelaría el secreto de toda la empresa…

El jefe regaló frascos de encurtidos hechos por su madre, y toda la oficina se burló. Los despreciaron y los tiraron como si fueran basura. Solo yo fui la única que se los llevó a casa. Pero nunca imaginé… que uno de esos frascos escondía un código que revelaría el secreto de toda la empresa…

había mordido el anzuelo.

Un sudor frío recorrió mi espalda.

Escribí las palabras en un papel.

Hora del gallo — alrededor de las 6 o 7 de la tarde.

Árbol de mezquite — un árbol común en el norte de México.

Sombra — la sombra que proyecta.

Los números tres y siete…

podrían ser pasos.

O coordenadas.

Como las pistas de un tesoro.

A la hora del gallo.

Buscar un árbol de mezquite.

Su sombra señalaría una dirección.

Tres.

Siete.

Pasos.

Pero…

¿dónde encontrarlo?

Nuestra empresa está en pleno centro de Monterrey.

Encontrar un árbol grande ya es difícil.

Mucho menos un mezquite antiguo.

Abrí el mapa.

Busqué todos los lugares con la palabra mezquite cerca de la oficina.

Nada.

La pista parecía cortarse en el aire.

Caminé inquieta por la habitación.

Mi mirada pasó por la estantería.

Y se detuvo en un libro que compré hace años:

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