Decir adiós al azúcar alto no significa renunciar al sabor dulce de la vida. Significa, más bien, reencontrarnos con esos dulces naturales que la tierra nos regala sin culpa ni arrepentimiento. Y pocos alimentos encarnan mejor esa promesa que la guayaba, esa fruta tropical de aroma inconfundible y piel verde que, cuando madura, despliega un interior rosado o blanco capaz de competir con cualquier postre procesado.
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