«Soy la niña que salvaste hace 12 años», le dijo la hermosa ingeniera al humilde mecánico…

«Soy la niña que salvaste hace 12 años», le dijo la hermosa ingeniera al humilde mecánico…

De los 40 estudiantes de la primera clase, 36 se graduaron. Todos los graduados encontraron trabajo dentro de los tres meses siguientes. La mayoría en excelentes posiciones con buenos salarios. Algunos abrieron sus propios talleres pequeños, otros trabajaron en concesionarias, otros en flotas corporativas. Para el tercer año de operación, la escuela ya tenía una lista de espera. La reputación se había extendido por todo Monterrey y más allá. Las empresas automotrices llamaban directamente a Roberto pidiendo graduados. La tasa de colocación laboral era del 98%.

casi inaudita en el mundo de la educación técnica. Pero Roberto nunca olvidó la misión original. Cada año se aseguraba personalmente de que al menos la mitad de las becas fueran para chavos en situaciones difíciles. Visitaba centros juveniles, hablaba con trabajadores sociales, buscaba activamente a jóvenes que necesitaban esa segunda oportunidad que él mismo había recibido. Una tarde de viernes, 5 años después de abrir la escuela, Roberto estaba en su oficina revisando aplicaciones para la próxima generación cuando Sofía tocó a la puerta.

Don Roberto tiene un momento. Claro, Sofía, pasa. Sofía, ahora de 29 años se había convertido en directora de operaciones de Grupo Industrial del Norte, siguiendo los pasos de su padre, quien paulatinamente se preparaba para el retiro. Vestía un elegante traje sastre azul marino, su cabello ahora cortado en un estilo ejecutivo profesional. Pero cuando sonreía, Roberto todavía podía ver a aquella niña de 12 años que había sacado de un coche en llamas. “Tengo algo que mostrarle”, dijo Sofía poniendo un folder sobre el escritorio de Roberto.

Son números de impacto social que nuestra analista preparó. Roberto abrió el folder y empezó a leer. Los números eran asombrosos. En 5 años la escuela había graduado a 156 estudiantes. De esos 142 estaban empleados en trabajos relacionados con automotriz con un salario promedio de 14,000 pesos mensuales. Ocho habían abierto sus propios talleres. Dos se habían convertido en instructores de la escuela misma, pero había más. El reporte incluía testimonios de las familias de los estudiantes, padres que hablaban de cómo sus hijos habían encontrado propósito y dirección, madres que ya no tenían que trabajar dos empleos porque sus hijos ahora contribuían al hogar.

hermanos menores que ahora tenían un ejemplo positivo a seguir. Esto es más que educación técnica, don Roberto, dijo Sofía suavemente. Esto está cambiando comunidades enteras. Cada graduado que sale de aquí exitoso es alguien que no entra en actividades criminales, alguien que puede mantener a su familia con dignidad, alguien que puede enviar a sus propios hermanos a la escuela. El impacto se multiplica exponencialmente. Roberto sintió los ojos llenársele de lágrimas. Nunca imaginé que llegaríamos tan lejos. Y esto es apenas el principio, continuó Sofía.

Mi padre y yo hemos estado hablando. Queremos expandir, abrir dos escuelas más, una en Saltillo y otra en Tampico. Misma filosofía, misma calidad de enseñanza, mismo enfoque en ayudar a chavos que lo necesitan. Dos escuelas más. Roberto estaba abrumado con usted supervisando todas como director general de educación técnica de Grupo Industrial del Norte. Necesitaríamos contratar directores para cada escuela, pero usted sería quien asegure que mantengamos los estándares, que no perdamos de vista la misión original. Roberto se recostó en su silla procesando la información.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top