Condenada por médicos, compró una casa por 50 pesos para esperar la muerte… y entonces todo cambió…

Condenada por médicos, compró una casa por 50 pesos para esperar la muerte… y entonces todo cambió…

El sol del mediodía en Guanajuato no perdonaba a nadie, mucho menos a una mujer que llevaba la muerte escrita en la palidez de su rostro y en la fragilidad de sus huesos. Elena Vázquez se detuvo un momento a la sombra de un mezquite seco, tratando de recuperar el aliento que sus pulmones, carcomidos por la enfermedad, le negaban cada vez con más frecuencia. Se secó el sudor de la frente con un pañuelo bordado. El último regalo que su esposo le había dado antes de partir de este mundo hacía 5 años.

Ahora ella estaba a punto de seguirlo, pero no quería hacerlo en una cama de hospital fría en la capital, rodeada de máquinas que pitaban indiferentes y enfermeras que la miraban con lástima. No. Elena quería dignidad, quería silencio y, sobre todo, quería estar lejos de las miradas que la juzgaban por haberlo perdido todo. Su mano temblorosa apretó el bolsillo de su viejo suéter de lana, donde descansaban 50 pesos. Era todo lo que le quedaba en el mundo, 50 pesos y un diagnóstico médico arrugado que decía cáncer terminal, estadio 4.

Los doctores le habían dado semanas, quizás un mes si tenía suerte, aunque para Elena la suerte hacía mucho tiempo que había dejado de ser una compañera de viaje. Ella había llegado a ese pueblo olvidado de Dios, al pie del cerro de la esperanza, buscando un final. Había escuchado rumores sobre propiedades abandonadas, tierras que nadie quería porque el progreso se había mudado a otra parte, dejando atrás cascarones vacíos y fantasmas de un pasado mejor. Caminó arrastrando los pies hacia la cantina vieja, donde había quedado de verse con don Manuel, un hombre que hacía las veces de agente inmobiliario, notario y sepulturero del pueblo.

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