…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

…yo en la construcción y Juana limpiando casas. No teníamos nada, pero teníamos algo más fuerte que cualquier riqueza: ganas de salir adelante.

Porque era nuestro hijo.

Pero un día, Juan me dijo algo que nunca voy a olvidar.

—“Papá, tienes que arreglar tus papeles. No puedes seguir así.”

Le respondí con calma.

—“Hijo, llevo 20 años aquí. Nunca he tenido problemas. Siempre he trabajado. Nunca le he hecho daño a nadie.”

Él negó con la cabeza.

—“Eso no importa. Estás ilegal.”

Esa palabra… ilegal.

Después de todo lo que había hecho.

Después de todo lo que había dado.

Me la lanzó como si yo fuera un criminal.

Ese día entendí que algo se había roto.

Pero jamás imaginé hasta dónde llegaría.

El camión se detuvo de golpe.

La puerta se abrió.

—“Bajen.”

Nos hicieron formar una fila. Nos revisaron como si fuéramos objetos. Nos quitaron las agujetas, los cinturones, todo.

Nos encerraron en una celda fría. Éramos muchos. Demasiados.

Hombres con historias como la mía.

Padres.

Trabajadores.

Personas invisibles.

Pasé la noche sentado en el suelo. Sin dormir.

Pensando.

Recordando.

Post navigation

Leave a Comment

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

back to top