—Y lo mejor… es que esta vez… no estás tratando con alguien que puedes intimidar.
Se levantó.
—Estás tratando conmigo.
Cerró la carpeta.
—Y yo… no dejo cabos sueltos.
—
Días después, la noticia explotó.
Titulares.
Videos.
Investigaciones abiertas.
El nombre de Henderson estaba en todos lados.
Pero no como autoridad.
Sino como ejemplo.
De lo que pasa cuando el poder se usa mal.
Tasha observaba todo desde su oficina.
En silencio.
Sin celebración.
Uno de sus compañeros se acercó.
—Lo hiciste bien.
Ella no respondió de inmediato.
—No —dijo finalmente—. Solo hice lo que debía.
—No todos lo hacen.
Tasha miró por la ventana.
—Por eso estoy aquí.
—
Esa noche, volvió a conducir por la misma carretera.
El mismo lugar.
El mismo sol… ahora ocultándose.
Se detuvo.
Bajó del coche.
Miró el punto exacto donde todo había ocurrido.
Respiró hondo.
Y luego…
Sonrió.
No por victoria.
Sino por justicia.
—Ahora sí… —murmuró—. La carretera es para todos.
Se subió al coche.
Y esta vez…
Nadie la siguió.
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