—Diecisiete reportes en los últimos dos años —dijo—. Todos archivados. Todos ignorados.
El oficial tragó saliva.
—Mentiras.
—¿Todas?
Pasó otra página.
—Cuatro vehículos dañados.
Otra.
—Tres detenciones ilegales.
Otra.
—Dos denuncias por agresión.
Y finalmente…
—Y hoy… la número dieciocho.
Silencio.
—¿Quieres seguir diciendo que son mentiras?
Henderson apretó los puños.
—No pueden probar nada.
Tasha lo miró fijamente.
Luego sacó un pequeño dispositivo.
El mismo.
Presionó un botón.
La grabación comenzó.
—“Detén el auto, negra. Hoy no vas a ir a ningún lado…”
La voz del oficial llenó la sala.
Clara.
Innegable.
Su propio odio… convertido en evidencia.
Henderson cerró los ojos.
—Eso… no es suficiente…
—No —dijo Tasha—. Pero es el principio.
Se inclinó ligeramente hacia él.
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