Tasha no se movió.

Tasha no se movió.

El sol seguía cayendo implacable.

—Te voy a enseñar quién soy —susurró.

El oficial Henderson conducía con una sonrisa.

Le gustaba ese tipo de encuentros.

Le hacían sentir poderoso.

Superior.

Intocable.

Encendió la radio, tarareando una canción vieja, completamente relajado.

—Una menos —murmuró—. A ver si aprenden.

No tenía prisa.

Sabía que nadie lo iba a cuestionar.

Nunca lo hacían.

Giró en una curva.

Y entonces…

Las vio.

Dos camionetas negras.

Sin insignias visibles.

Aparcadas atravesando la carretera.

El oficial frunció el ceño.

—¿Qué demonios…?

Redujo la velocidad.

Las puertas de las camionetas se abrieron al mismo tiempo.

Hombres y mujeres descendieron.

Uniformes tácticos.

Armas.

Postura militar.

No eran policías locales.

Eso lo sintió de inmediato.

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