Tres.
Luego se enderezó lentamente.
Miró sus llantas destrozadas.
Luego la carretera vacía.
Y finalmente… sonrió.
No era una sonrisa de resignación.
Era una sonrisa peligrosa.
Calculada.
Como la de alguien que ya había decidido lo que iba a pasar después.
—Error —murmuró—. Un error muy grande.
Se metió la mano en el bolsillo interno de su chaqueta y sacó un pequeño dispositivo negro. No era un teléfono común. Era más pesado, más robusto, con un sistema cifrado que no cualquier persona podía usar.
Presionó un botón.
La pantalla se iluminó.
Una sola línea apareció:
**COMANDO CENTRAL — CANAL SEGURO**
Tasha presionó para activar transmisión.
—Aquí Comandante Mitchell —dijo, su voz ahora completamente distinta, firme, autoritaria—. Código negro. Repito, código negro. Solicito intervención inmediata.
Hubo un silencio de dos segundos.
Luego, una voz respondió.
—Confirmado, comandante. Ubicación.
Tasha levantó la mirada hacia el horizonte.
—Carretera secundaria 17, kilómetro 42. Unidad local comprometida. Oficial armado, conducta racista, abuso de autoridad, destrucción de propiedad civil y tentativa de agresión.
Otro silencio.
Pero esta vez… más pesado.
—Recibido. Equipos en camino. Tiempo estimado: cinco minutos.
Tasha colgó.
Cinco minutos.
Miró el cielo.
Leave a Comment