“Este lugar es otro mundo”, escribió Isabela en su diario la segunda noche mientras escuchaba el coro nocturno de la selva. Durante el día navegamos por un río que parece un espejo verde, rodeados de una pared vegetal tan densa que apenas se puede ver el cielo. Por la noche, cuando amarramos la lancha, los sonidos son increíbles.
Ranas, grillos, pájaros nocturnos y de vez en cuando el rugido distante de algún felino grande. Carlos está en su elemento, completamente feliz. El tercer día comenzaron a navegar por aguas que don Mauricio conocía solo de referencias. A partir de aquí”, les explicó mientras consultaba un mapa dibujado a mano que había obtenido de otros navegantes.
Vamos por información de segunda mano, pero no se preocupen, el río siempre nos va a llevar a algún lado. Fue ese día cuando encontraron la entrada al tributario que Carlos había identificado en las imágenes satelitales. La boca del río secundario estaba parcialmente oculta por una cortina de vegetación colgante y la corriente era notablemente más clara que la del río principal.
“Esto es perfecto”, exclamó Carlos mientras tomaba mediciones con sus instrumentos. “Miren esta transparencia del agua. Esto indica un ecosistema diferente, probablemente con menos sedimentos. Aquí definitivamente va a haber especies únicas.” Isabela inmediatamente comenzó a fotografiar. El contraste entre el agua oscura del río principal y la transparencia cristalina del tributario creaba un efecto visual espectacular.
“Estas fotos van a ser la portada de la revista”, murmuró mientras ajustaba la configuración de su cámara para capturar la luz filtrada que se colaba entre el dosel de la selva. Don Mauricio navegó con cuidado extremo por el nuevo río. El canal era más estrecho y serpente, con ramas que a veces rozaban los lados de la embarcación.
“Este río es joven”, comentó mostrando su experiencia. “Miren cómo serpentea. Los ríos viejos son más rectos. Este todavía está buscando su camino. Durante las siguientes horas, el paisaje se volvió progresivamente más espectacular y aislado. Las copas de los árboles se unían formando un túnel verde sobre sus cabezas y ocasionalmente veían monos que los observaban con curiosidad desde las ramas. Carlos estaba eufórico.
Cada muestra de agua que analizaba confirmaba sus sospechas de que estaban en un ecosistema único. “¡Miren estos parámetros”, les mostró su medidor digital. “El nivel de oxígeno es 30% más alto que en el río principal y la conductividad eléctrica es completamente diferente. Esto indica una composición mineral única en estas aguas.
Estamos en algo especial. Fue al atardecer del cuarto día cuando todo comenzó a cambiar. Don Mauricio había estado cada vez más callado durante las últimas horas, consultando frecuentemente su GPS y mirando con preocupación hacia el cielo. Las nubes se habían estado acumulando durante toda la tarde y el aire se sentía pesado con la promesa de lluvia.
Doctorcito le dijo finalmente a Carlos, creo que deberíamos buscar un lugar para acampar pronto. Se viene tormenta grande y en estos ríos estrechos las crecidas pueden ser muy peligrosas, pero encontrar un lugar adecuado para acampar resultó más difícil de lo esperado. Las orillas del tributario eran empinadas y cubiertas de vegetación densa.
Cada playa pequeña que encontraban estaba demasiado cerca del nivel del agua o era demasiado rocosa para ser segura. Sigamos un poco más”, insistió Carlos mirando su GPS. “Según las imágenes satelitales, debe haber una zona más amplia a unos 2 km río arriba. Fue una decisión que cambiaría sus vidas para siempre.
Mientras navegaban buscando el lugar ideal para acampar, las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer. En cuestión de minutos, lo que había comenzado como una llovisna se convirtió en un diluvio tropical. La visibilidad se redujo dramáticamente y el sonido ensordecedor de la lluvia sobre el agua y la vegetación hacía casi imposible la comunicación.
Don Mauricio redujo la velocidad del motor a casi nada, navegando prácticamente a ciegas mientras Carlos trataba de mantener el rumbo usando el GPS. Isabela había guardado rápidamente su equipo fotográfico en bolsas impermeables y ahora ayudaba a achicar el agua que se acumulaba en el fondo de la lancha. Ahí, gritó Carlos por encima del ruido de latormenta, señalando hacia la orilla derecha donde parecía haber una pequeña ensenada. Parece que hay una playa.
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