155 personas salieron desde el aeropuerto de Nueva York en una tarde de invierno sin ser conscientes de que al poco de despegar sucedería algo extremadamente improbable. Tan improbable que no se barajaba ni siquiera como una posibilidad. De lo que tampoco eran conscientes era de la profesionalidad de todos los que entrarían en juego en aquel día.
Los pilotos, tripulantes de cabina, control del tráfico aéreo y rescatadores de la ciudad de Nueva York demostrarían una preparación inmejorable. Una historia que por culpa de Tom Hanks la recordamos con datos falsos. Hoy déjame llevarte minuto a minuto en aquel vuelo. Veremos qué hay de cierto en lo que se vio en la película y por qué este vuelo es más que digno de ser conocido como El milagro del río Hudson.
El 15 de enero de 2009 era una mañana fría y con unas capas de nubes sobre la ciudad de Nueva York, un día típico de invierno. Al mediodía, el termómetro marcaba 5ºC bajo 0 y esto de la temperatura iba a ser determinante para lo que sucedería pocos instantes después. Tan solo 8 años atrás, la ciudad de Nueva York se convirtió en el centro de atención por culpa de los ataques de septiembre de 2001.
Pero aquella ciudad estaba a punto de ser de nuevo el centro de atención, pero esta vez por algo bueno. A las 3 de la tarde, un Airbus A320 de la aerolínea US Airways se preparaba para despegar desde el aeropuerto de La Guardia, a tan solo 5 km de la isla de Manhattan, repleta de rascacielos.
La aeronave de aquel día llevaba casi 10 años en operación. En aquel vuelo irían a bordo 150 pasajeros, tres miembros del personal de cabina y dos pilotos, sumando un total de 155 personas. El capitán sentado en la izquierda era Chelsee Bernett Sulenberg, también conocido como Sully, de 57 años y con 19,663 horas de vuelo a sus espaldas.
Además, antes de ser piloto comercial, había sido piloto de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, volando el F4 Phantom, liderando ejercicios militares internacionales, haciendo The Mission Commander. Al ser el comandante aquel día, la responsabilidad de la aeronave era suya y él era la máxima autoridad en la aeronave.
El first officer o coloquialmente llamado copiloto iba sentado a la derecha y era Jeffrey Bruce Skyes, de 49 años de edad y 15,643 horas de vuelo, aunque solo 37 horas en Airbus A320. Es decir, acababa de sacarse la licencia para aquel modelo de avión. En todos los vuelos, uno de los pilotos hace la labor de pilot flying, es decir, volar el avión, y el otro hace la labor de pilot monitoring, que suele ser la de comunicar por radio, repasar las checklist, etcétera.
En aquel vuelo en particular, la labor de pilot flying la haría el copiloto y Suly haría la de pilot monitoring. A las 3 de la tarde, los pilotos se encontraban en la aeronave preparándola para el despegue y haciendo las comunicaciones de radio habituales con torre de control. Además, aquel día el avión iba a ir extremadamente pesado, dentro de límites, pero cerca del peso máximo.
La ruta prevista era volar hacia Seattle, haciendo escala en Charlotte, para dejar a algunos pasajeros de por medio. Por eso a veces se confunde el destino de este vuelo, pero oficialmente iban a Charlotte. Aproximadamente a las 15:25 reciben aprobación desde la torre de control para despegar por la pista cuatro.
10 segundos después de recibir la aprobación, ponen máxima potencia en los motores y sueltan los frenos. El avión comienza a acelerar poco a poco hasta alcanzar la velocidad de rotación para levantar la nariz y levantar el vuelo. Al abandonar el aeropuerto comenzaron un ligero viraje hacia la izquierda. Poco a poco, el avión siguió ascendiendo con normalidad y una vez se llegó a unos 2,300 pies, guardaron los flaps y se verificó que todo estaba correctamente.
El capitán completó la checklist de después del despegue e indicó que todo estaba en orden a las 15 horas 27 minutos y 7 segundos. Pero tan solo 3 segundos después de aquel mensaje ocurrió lo peor. A partir de aquí quiero teletransportarte a esa cabina para que veas en primera persona qué es lo que se vivió.
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