Voy a atenderlos esta noche. Levantó la vista.

Voy a atenderlos esta noche. Levantó la vista.

Sofía sostenía una libreta negra y una pluma detrás de la oreja. Su uniforme era sencillo, delantal vino y camisa blanca, pero tenía esa clase de presencia que no buscaba llamar la atención y aun así lograba calmar una mesa entera. No miró a Mateo con lástima. Tampoco fingió no haber escuchado nada. Primero miró a Luna.

—Buenas noches, princesa —dijo con suavidad—. Me dijeron en cocina que hoy tenemos macarrones con queso fuera del menú, por si prefieres eso en vez de algo de adultos demasiado aburrido.

Luna parpadeó. La tristeza seguía ahí, enorme en sus ojos, pero por un segundo apareció algo más: sorpresa.

—¿De verdad?

—De verdad. Aunque tendría que preguntarle a una clienta muy importante si también quiere una limonada con fresas.

Luna miró a su papá, como pidiendo permiso para volver a ser niña.

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