Volví a meter todo en la caja con cuidado y fui a hablar con Camila. Contárselo a ella fue la parte más difícil, no por la historia en sí. Camila es fuerte, siempre lo ha sido, sino porque vi en su cara el mismo proceso que yo había vivido, la sorpresa, el coraje, la confusión y al final una especie de determinación callada que claramente había heredado de algo que estaba en mí. quiso acompañarme a Monterrey. Le dije que no, todavía no, que necesitaba entender la situación antes de llevar a alguien más dentro de ella.
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