“ESTE NIÑO NO TIENE DEFENSA” — DIJO EL FISCAL… HASTA QUE EL TRIBUNAL QUEDÓ EN SILENCIO…

“ESTE NIÑO NO TIENE DEFENSA” — DIJO EL FISCAL… HASTA QUE EL TRIBUNAL QUEDÓ EN SILENCIO…

En una sala de justicia, todos creían que este niño de 12 años sería condenado sin esperanza hasta que sus palabras callaron para siempre al tribunal entero. La sala del Tribunal de Justicia Municipal parecía más grande que nunca esa mañana. Los rayos de sol se filtraban por las ventanas altas, creando sombras largas que parecían señalar directamente hacia una pequeña figura sentada en el banquillo de los acusados.

Matías Guerrero, de apenas 12 años, balanceaba sus piernas que no llegaban al suelo, mientras sus ojos oscuros recorrían nerviosamente cada rincón de aquel lugar que decidirían su futuro. El murmullo constante de los presentes se mezclaba con el sonido de papeles, siendo revisados una y otra vez. En la galería, una decena de personas observaba con expresiones que ya habían emitido su veredicto antes de que comenzara el juicio. Entre ellos, Clara Morales, la abuela de Matías, apretaba un pañuelo entre sus manos arrugadas, susurrando oraciones en silencio.

El juez Alejandro Herrera ajustó sus anteojos mientras revisaba el expediente por tercera vez esa mañana. Sus cejas gruesas se fruncían cada vez más mientras leía los detalles del caso. A sus años de experiencia en el sistema judicial, había visto casos similares demasiadas veces. Niños de barrios humildes acusados de delitos menores, sin recursos para una defensa adecuada, destinados a engrosar las estadísticas del sistema. ¿Dónde está el abogado defensor del menor?, preguntó el juez, su voz grave resonando en toda la sala.

Un silencio incómodo se extendió por varios segundos. La promotora Carmen Valdés, una mujer de mediana edad con traje oscuro y mirada determinada, se puso de pie. Su señoría, el menor no cuenta con representación legal. Según nuestros registros, la familia no pudo costear un abogado privado y el defensor público asignado no pudo presentarse debido a una emergencia médica. El juez suspiró profundamente. Muy bien, procederemos sin más dilación. Promotora Valdés, presente su caso. Carmen caminó hacia el centro de la sala con pasos seguros, cargando una carpeta que parecía contener el destino de Matías.

Su voz cortante cortó el aire como una navaja. Su señoría, el día 15 del mes pasado, aproximadamente a las 3 de la tarde, el menor Matías Guerrero ingresó a la tienda San Rafael, ubicada en la avenida Constitución número 243. Según el testimonio del propietario Ricardo Vázquez, el acusado tomó productos de los estantes sin realizar el pago correspondiente. Matías levantó la cabeza abruptamente, sus ojos brillando con una mezcla de confusión y dolor. Quiso hablar, pero las palabras se quedaron atoradas en su garganta.

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