Su marido sonrió al dejarla sin nada, pero una memoria USB hizo que el tribunal quedara en silencio

Su marido sonrió al dejarla sin nada, pero una memoria USB hizo que el tribunal quedara en silencio

—Ahora.

Elena se quedó inmóvil.

Miró el dispositivo.

Luego miró a Carolina.

—¿Es lo que creo?

Carolina asintió.

La expresión de Elena cambió por completo.

—Señoría —dijo levantándose—. Un momento, por favor.

La jueza Patricia ya estaba a punto de abandonar su lugar.

Se detuvo.

Raúl también.

Arturo Beltrán frunció el ceño.

—La audiencia terminó —respondió la jueza—. Cualquier nueva inconformidad deberá presentarse por las vías correspondientes.

—No estamos hablando de una inconformidad.

Elena levantó la memoria USB.

—Estamos hablando de evidencia recibida recientemente que podría demostrar que parte de la información presentada ante este juzgado fue manipulada deliberadamente.

El murmullo apareció de inmediato.

La sonrisa de Raúl desapareció un poco.

Arturo se puso de pie.

—Esto es absurdo.

Elena no lo miró.

—La evidencia también involucra a personas que participaron directamente en la preparación del caso.

Ahora Arturo dejó de parecer molesto.

Pareció preocupado.

La jueza Patricia volvió a sentarse.

—Licenciada Vargas, está haciendo una acusación muy seria.

—Lo sé.

—Espero que tenga algo sólido.

—Lo tengo.

Carolina seguía sentada.

Por primera vez aquella mañana, Raúl la observó con verdadera atención.

Ella ya no parecía cansada.

Ya no parecía vencida.

Y eso comenzó a inquietarlo.

—¿Qué hay en esa memoria? —preguntó la jueza.

Elena respondió:

—Una grabación interna de la empresa.

Arturo dio un paso al frente.

—Desconocemos su origen y autenticidad.

Entonces Carolina habló.

Su voz fue tranquila.

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