
La última noche
—Cariño.
Me acarició la mejilla.
Tuve que controlar cada músculo para no apartarme.
—Te ves pálida —susurró.
Sonreí.
O al menos intenté hacerlo.
—Creo que necesito dormir.
Flynn me observó durante unos segundos demasiado largos.
—Claro. Descansa.
Me besó la frente.
Sentí náuseas.
No por las pastillas.
Por él.
Esperé hasta escuchar cómo se cerraba la puerta.
Entonces abrí los ojos.
Y sonreí.
Porque acababa de comprender algo.
Flynn no sabía que yo estaba despierta.
Pero alguien más sí.
Mi teléfono vibró una sola vez debajo de la almohada.
MARCUS: RECIBIDO. ESTAMOS EN POSICIÓN. NO HAGAS NADA HASTA QUE TE CONFIRMEMOS.
Cerré los ojos.
Por primera vez desde que escuché aquella conversación, pude respirar.
Pero la tranquilidad duró menos de un minuto.
Escuché pasos en el pasillo.
Después, un golpe seco.
La puerta se abrió.
Era Fiona.
—¿Está dormida?
—Completamente —respondió Flynn.
—Déjame verla.
Sentí que el colchón se hundía.
Fiona se sentó junto a mí.
Sus dedos tocaron mi cuello.
Buscaban mi pulso.
—Está respirando muy despacio.
—Te dije que la dosis funciona.
—¿Y si despierta?
Flynn soltó una risa.
—No despertará.
Fiona permaneció en silencio.
Entonces dijo algo que me heló la sangre.
—Hay un problema.
Abrí apenas los ojos.
Lo suficiente para verla.
—¿Qué problema?
—El capitán.
Flynn se incorporó.
—¿Qué pasa con él?
—Ha cambiado el rumbo.
Silencio.
—¿Hacia dónde?
—No lo sé.
—Entonces averígualo.
Fiona salió apresuradamente.
Flynn permaneció en la habitación.
Yo seguí inmóvil.
Hasta que escuché sus pasos acercarse.
Se inclinó sobre mí.
—Lo siento, Evelyn.
Su voz era casi un susurro.
—De verdad.
Sentí sus dedos cerrarse alrededor de mi muñeca.
Y entonces comprendí que había decidido adelantar el plan.
No esperaría a medianoche.
Me levantaría.
O moriría.
Abrí los ojos.
—Yo también lo siento.
Flynn se quedó petrificado.
—¿Qué…?
Le golpeé la nariz con toda la fuerza que me quedaba.
Gritó y retrocedió.
Me levanté tambaleándome.
No estaba fuerte.
No estaba preparada.
Pero estaba viva.
Y eso era suficiente.
Corrí hacia la puerta.
—¡EVELYN!
No miré atrás.
Salí al pasillo.
La alarma del yate comenzó a sonar.
Una vez.
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