—Y también fui yo quien te hizo creer que ese hijo probablemente no era tuyo.
El silencio que siguió fue peor que cualquier grito.
Porque Mariana acababa de comprender que la historia de su abandono llevaba 8 años escondiendo otra traición.
Y nadie en aquella casa podía imaginar lo que Teresa estaba a punto de confesar.
Parte 2: —¿Qué acabas de decir? —preguntó Daniel.
Teresa temblaba.
Ximena retrocedió, observándolo todo como si acabara de entrar por accidente a una familia que ya no conocía.
—Cuando Mariana quedó embarazada… yo tenía miedo de que arruinaras tu carrera —dijo Teresa—. Tu padre acababa de ponerte al frente de una de las empresas. Yo pensaba que ella…
—Termina la frase —ordenó Mariana.
Teresa bajó la mirada.
—Pensaba que quería amarrarte con un hijo.
Daniel golpeó la mesa con la palma.
—¡Me enseñaste mensajes!
Mariana frunció el ceño.
—¿Qué mensajes?
Daniel la miró.
—Capturas de conversaciones tuyas. Decías que no estabas segura de quién era el padre.
Mariana sintió que el estómago se le cerraba.
—Yo jamás escribí eso.
Teresa empezó a llorar con más fuerza.
—Los fabriqué.
Hasta Ramón, el padre de Daniel, dejó el vaso que tenía entre las manos.
—¿Tú hiciste qué?
—Creé una cuenta con su fotografía. Edité conversaciones. Quería que Daniel reaccionara antes de que fuera demasiado tarde.
—¿Demasiado tarde para qué? —preguntó Mariana—. ¿Para convertirse en padre?
Teresa no contestó.
Daniel caminó hacia su madre.
—También dijiste que ella había perdido el embarazo.
—Porque meses después preguntaste por ella.
Mariana lo miró sorprendida.
Daniel había preguntado.
Solo una vez.
Pero había preguntado.
—Me dijiste que no había bebé —continuó él—. Dijiste que alguien de su familia te lo había confirmado.
Teresa cerró los ojos.
—Mentí.
Ramón se levantó de golpe.
—¿Y me dejaste creer durante 8 años que mi hijo simplemente había tenido un divorcio complicado?
—Yo quería proteger a la familia.
—No —dijo Mariana—. Querías controlar a tu hijo.
Entonces Daniel se volvió hacia ella.
—Mariana, yo…
—Ni se te ocurra.
Su voz fue tranquila, pero cortó el aire.
—Que tu madre haya mentido no borra lo que tú hiciste.
Daniel se quedó callado.
—Tú estabas a mi lado cuando apareció la prueba positiva. Me llamaste mentirosa. Firmaste un divorcio. Cambiaste de número. No fuiste a una consulta. No escuchaste un latido. Ni siquiera esperaste para saber si existía un bebé.
Mateo observaba a los adultos con el rostro cada vez más serio.
—Mamá…
Mariana se agachó inmediatamente frente a él.
—¿Qué pasa?
Mateo señaló a Daniel.
—Entonces… ¿él sabía que había un bebé?
Daniel cerró los ojos.
Ya no había ninguna madre detrás de la cual pudiera esconderse.
—Sí —respondió.
Emiliano preguntó:
—¿Pero no sabía que éramos 4?
—No.
Sofía dio un paso adelante.
—¿Y por qué no quiso saber?
Daniel tardó demasiado en responder.
Finalmente dijo:
—Porque fui un cobarde.
Teresa comenzó a acercarse a los niños.
—Mis amores, yo soy su abuela y…
Valentina retrocedió inmediatamente detrás de Mariana.
—No.
Una palabra pequeña.
Pero Teresa se detuvo como si hubiera recibido una bofetada.
Valentina abrazó la cintura de su madre.
—Tú hiciste que nuestro papá se fuera.
Mariana sintió que se le rompía algo por dentro.
Porque durante 8 años había protegido a sus hijos del resentimiento de los adultos.
Y ahora esos adultos acababan de colocar toda la verdad frente a ellos durante una comida de Navidad.
Daniel se agachó para quedar a la altura de los 4.
—No quiero que culpen solamente a su abuela.
Teresa lo miró.
—Daniel…
—Ella mintió. Pero yo elegí creerle porque era más fácil que enfrentar lo que estaba pasando.
Mateo apretó los labios.
—Entonces sí eres nuestro papá.
—Sí.
—Pero no has sido nuestro papá.
Daniel no pudo responder.
En ese instante Ximena recogió del suelo la pequeña caja de compromiso.
La miró unos segundos.
Después se la entregó a Daniel.
—Creo que tenemos que hablar.
Y la expresión de Daniel dejó claro que aquella Navidad aún estaba lejos de terminar.
Parte 3
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