—Que nunca vieron a su hija.
Levanté una ceja.
—Los tres usaron las mismas cuarenta y dos palabras.
Ella deslizó tres hojas sobre la mesa.
Las declaraciones eran idénticas.
Incluso los errores de puntuación coincidían.
—Las escribieron para ellos.
Susan asintió.
—Eso pienso.
Entonces dejó otra fotografía frente a mí.
Era el estacionamiento del edificio de ciencias.
Vacío.
—Las cámaras dejaron de grabar exactamente a las diez cuarenta y ocho.
—¿Y volvieron?
—A las once cincuenta y tres.
Miré la hora.
Lily había sido encontrada a las once cuarenta y siete.
Cinco minutos antes de que el sistema regresara.
Demasiada precisión.
Mi teléfono vibró.
Un mensaje.
Reyes.
“Chen ya está dentro del servidor universitario.”
Cinco segundos después llegó otro.
“Las cámaras nunca fallaron.”
Respiré despacio.
Susan seguía observándome.
—¿Qué ocurre?
Guardé el teléfono.
—Alguien borró las grabaciones.
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