Me voy a llevar cinco camiones Mercedes», dijo el hombre andrajoso.
Todos se rieron y se burlaron de él… hasta que se dieron cuenta de su error. Pero ya era demasiado tarde.

Fue en la agencia Mercedes-Benz de Guadalajara, un lugar donde los tratos se medían en cientos de miles de pesos y los empresarios llegaban en camionetas de lujo, con relojes brillosos y trajes italianos. Nadie imaginaba que aquel anciano de botas polvorientas estaba a punto de darles una lección que jamás olvidarían.
Don Félix Navarro, de sesenta y seis años, con su chamarra gastada y una mochila vieja colgando del hombro, entró caminando despacio entre los enormes tractocamiones que relucían bajo la luz halógena.
Lucas Ferrer fue el primero en verlo. Intercambió una mirada burlona con Héctor Beltrán, el vendedor más veterano, de cuarenta y cinco años. Héctor levantó una ceja y sonrió con desdén.
—Otro curioso —murmuró.
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