PARTE 1
Don Tomás llevaba 38 años rompiéndose el lomo como conserje en 1 humilde secundaria pública de Chalco, en el Estado de México. Llegaba a las 4 de la mañana, cuando las calles de terracería todavía estaban envueltas en la neblina helada, para abrir los pesados candados de los salones. Ganaba 1 miseria, apenas el sueldo mínimo que no alcanzaba ni para la canasta básica, pero jamás faltó 1 solo día. Ni cuando las tormentas inundaban la colonia, ni cuando las rodillas le suplicaban piedad por el desgaste brutal de trapear patios inmensos y cargar cubetas de agua pesadas. Para los cientos de alumnos que pasaron por esos pasillos, él no era simplemente el señor de la limpieza. Era el queridísimo jefe Tomás, el viejito buena onda que siempre traía 1 paleta de cajeta en la bolsa del overol y 1 consejo neta para el chamaco que andaba agüitado por reprobar 1 materia.
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