PARTE 1
El aire acondicionado en el lujoso despacho de abogados en la zona de Polanco estaba programado a 18 grados, pero el verdadero frío provenía del hombre sentado frente a la pesada mesa de caoba. Mateo Castañeda, heredero de un imperio inmobiliario en México, miró la carátula de su Rolex con evidente fastidio. Faltaban apenas 2 horas para su vuelo a Cancún, donde lo esperaba Camila, su primer amor y la verdadera razón por la que estaba destruyendo 5 años de matrimonio en un solo día.
Frente a él, Elena mantenía la vista clavada en el acuerdo de divorcio. En la sección de custodia, una línea destacaba con una crueldad silenciosa: “Durante el matrimonio no hubo hijos en común”. La mano de Elena descendió imperceptiblemente hasta descansar sobre su vientre bajo. Apenas llevaba 3 meses de embarazo.
—Firma de una vez, Elena —exigió Mateo, arrojando una pluma Montblanc sobre la madera con un golpe seco—. Mis abogados redactaron esto. No vas a salir perdiendo. Tienes el departamento en Santa Fe y 5 millones de pesos en efectivo. Toma el dinero, vive tu vida y deja de aferrarte.
El teléfono de Mateo vibró. La pantalla se iluminó con el nombre de “Camila”. Él contestó al instante, alejándose hacia el ventanal, suavizando la voz en un tono que Elena no escuchaba desde hacía años. “Ya casi termino. Sí, mi amor, llego directo al aeropuerto. Espérame”.
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