PARTE 1
“Quédate allá atrás, en la esquina, y por favor no hables con nadie. Ese vestido parece comprado en un tianguis.”
Las palabras de Roberto fueron un susurro cargado de veneno antes de cruzar las puertas de caoba del salón principal en un exclusivo hotel de Polanco, en la Ciudad de México. Trató a su esposa, Elena, como si fuera una mancha de mole en su camisa de diseñador, un estorbo que podía arruinarle la noche más importante de su carrera.
Elena bajó la mirada hacia su vestido azul marino. Lo había cosido ella misma durante 3 semanas, trabajando de madrugada después de cumplir con su empleo y de preparar la cena caliente que Roberto casi nunca agradecía. No tenía una etiqueta italiana, ni costaba el equivalente a 3 meses de renta en la capital. Pero estaba hecho con sus propias manos, con una dignidad que su esposo hace mucho había perdido.
Roberto, en cambio, lucía un traje impecable y una corbata de seda que costaba más que la despensa de 2 meses. Una corbata comprada con dinero de una cuenta bancaria que él juraba que su esposa desconocía.
“Claro”, respondió Elena, con la voz apagada.
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