La experiencia es conocida por muchas personas: de forma repentina, la mente se acelera, el corazón late con fuerza, aparece una sensación de opresión en el pecho y la respiración se vuelve irregular. En medio de ese episodio, intentar razonar o tranquilizarse con pensamientos positivos suele no ser suficiente. La sensación es clara: el cuerpo parece haber activado una alarma interna difícil de apagar.
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