Parte 2: LA HERENCIA QUE NADIE ESPERABA
La carta tenía apenas dos páginas.
La primera frase decía:
“Querido Diego: si estás leyendo esto, significa que ya no pude prepararte otra taza de café.”
Tuve que detenerme.
Carmen siempre hacía ese tipo de bromas.
Incluso cuando le dolían las manos tanto que no podía abrir un frasco, encontraba la manera de decir algo para que yo no la mirara con lástima.
Seguí leyendo.
“Sé que nunca te pagué los doscientos pesos que te prometí. También sé que jamás me los reclamaste.”
Sonreí con tristeza.
Era cierto.
Al principio sí llevaba la cuenta.
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