Mi apartamento tenía un valor considerable y estaba completamente pagado.
Carmen veía mi propiedad como la solución.
Pero todavía faltaba saber una cosa.
¿Javier se había casado conmigo por el apartamento?
Busqué más correos.
Encontré uno que cambió todo.
Javier había escrito a su madre tres meses antes de la boda:
“Deja de insistir. Me voy a casar con Verónica porque la amo. No voy a engañarla para salvar tu edificio. Si quiere participar algún día, tendrá que ser con toda la información.”
Sentí alivio.
Duró segundos.
Carmen respondió:
“No seas ingenuo. Cuando estén casados tendrás más influencia.”
Y Javier no contestó.
Eso era bueno.
Pero entonces ¿por qué durante nuestra luna de miel me había hablado exactamente de la sociedad que su madre proponía?
Necesitaba escucharlo de él.
Imprimí los correos.
Los guardé.
Esa noche esperé.
Javier llegó.
Besó mi frente.
—¿Qué cenamos?
Coloqué las hojas sobre la mesa.
Se quedó quieto.
No intentó fingir.
—¿Dónde encontraste esto?
—En mi computadora.
—Verónica…
—¿Tu madre quiere mi apartamento?
—No exactamente.
—Entonces explícalo exactamente.
Se sentó.
Durante varios segundos no dijo nada.
—El edificio de mamá está en problemas.
—Eso ya lo sé.
—Necesita refinanciar.
—También lo sé.
—Ella pensó que si nosotros creábamos una sociedad…
—No. Quiero saber qué pensabas tú.
Javier me miró.
—Al principio le dije que no.
—Lo leí.
—Después empezamos a hablar de nuestras inversiones y pensé que tal vez podía existir una forma donde todos ganáramos.
Me reí.
No porque fuera gracioso.
—¿Todos?
—Tú conservarías participación.
—¿Y asumiría riesgo por una deuda que ni siquiera sabía que existía?
—Íbamos a explicártelo.
—¿Cuándo?
Silencio.
—¿Después de que firmara?
—No.
—¿Antes o después, Javier?
—Antes.
No le creí.
—Tu madre me dijo en nuestra boda que en un año mi apartamento sería suyo.
Su rostro perdió color.
—¿Qué?
—Escuchaste bien.
—Ella te dijo eso.
—Sí.
Se levantó.
—Voy a llamarla.
—No.
—Verónica…
—Siéntate.
Lo hizo.
—Necesito saber una cosa. ¿Sabías que me diría eso?
—No.
—¿Sabías que esperaba quedarse con el apartamento?
—Sabía que quería utilizarlo como respaldo financiero.
—Eso no fue mi pregunta.
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