Un mensaje sin palabras
Cuando la puerta se cerró, me quité el anillo de bodas y lo coloqué dentro de la pequeña caja donde guardaba la fotografía de nuestro aniversario, esa misma en la que Donna se había colocado en el centro. Envié la caja al camarote de al lado, dirigida a Gary, acompañada de una nota breve pero clara:
“Me casé contigo. No acepté pasar mi vida en una competencia con tu madre. Cuando estemos en el camino de regreso a casa, decide tú mismo si quieres proteger a nuestra familia o no.”
Pocos minutos después, un grito estremecedor salió del camarote de Donna. Gary entró corriendo, con la caja abierta y el anillo en la mano, pálido como nunca lo había visto.
“¿Qué significa esto?”, preguntó con voz temblorosa. “¿Me estás dejando?”
“Volveré a casa cuando termine el crucero”, respondí con calma. “Tú decide dónde quieres estar.”
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