40 minutos después estaba en urgencias.
El médico habló de amenaza de parto prematuro provocada posiblemente por agotamiento y estrés.
Una enfermera llamó 3 veces a Alejandro.
No respondió.
En ese mismo momento, Alejandro estaba desayunando con Camila.
Cuando ella vio el nombre del hospital en la pantalla preguntó:
“¿No vas a contestar?”
“Valeria siempre exagera.”
Camila lo miró de una forma distinta por primera vez.
Horas después, cuando las contracciones cedieron, Arturo volvió a llamar.
Había otra persona que debían encontrar.
Martín Salgado, antiguo director financiero de Hoteles Ferrer.
Ernesto le había entregado algo antes de morir.
Valeria lo llamó.
Martín guardó silencio durante varios segundos.
“¿Alejandro sabe que estás investigando esto?”
“No.”
“Entonces no se lo digas.”
“¿Qué te entregó Ernesto?”
“Una memoria USB cifrada.”
Valeria cerró los ojos.
“¿La conservas?”
“Sí.”
“¿Qué contiene?”
Martín tardó demasiado en responder.
“Pruebas de cosas que Ernesto tenía miedo de que su propio hijo hiciera desaparecer.”
Al día siguiente, Martín conectó la memoria en una computadora sin acceso a internet.
Aparecieron decenas de archivos.
Contratos.
Correos.
Documentos financieros.
Y finalmente, la versión firmada del fideicomiso.
Elena estaba reconocida legalmente como hija de Ernesto.
Entonces Martín abrió un correo enviado por Alejandro.
Valeria lo leyó en silencio.
“No circulen la modificación hasta que yo decida cómo manejarlo.”
Alejandro siempre había sabido la verdad.
Pero había otro correo.
Su asunto llevaba el nombre de Valeria.
La fecha era de 3 meses antes de Navidad.
Mucho antes de que ella descubriera la infidelidad.
Mucho antes de que encontrara la caja.
Alejandro había ordenado revisar sus cuentas, sus accesos y sus documentos.
Motivo: “Preparación para posible separación”.
La última línea hizo que Valeria dejara de respirar.
“Que ella no se entere hasta después de que nazca el bebé.”
Alejandro no había empezado a traicionarla aquella Navidad.
Llevaba meses preparando cómo sacarla de su vida.
Y Valeria acababa de descubrir que ella podía ser la siguiente mujer que su esposo intentaría borrar.
Parte 3
Alejandro llegó 2 días después al departamento temporal que Valeria había rentado en la Ciudad de México.
Traía rosas blancas y una pequeña caja de joyería.
“Terminé con Camila.”
Valeria no respondió.
Alejandro abrió la caja. Dentro había una pulsera que ella había admirado meses antes.
“Me acuerdo de todo lo que te gusta.”
Aquella frase casi la hizo llorar.
Porque una parte de ella todavía recordaba al hombre que preparaba café cuando trabajaban hasta tarde, al esposo que había llorado cuando finalmente supieron que serían padres.
8 años no desaparecían de un día para otro.
“Quiero que vuelvas a casa.”
“¿Por qué?”
“Porque te amo.”
Valeria lo observó.
Alejandro respiró profundamente.
“Sí, tuve una aventura. Fui egoísta. Me equivoqué.”
“¿Y Elena?”
Su expresión cambió.
“Elena no es tu problema.”
“Es tu hermana.”
“Es una complicación legal.”
La palabra cayó entre ellos.
Complicación.
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